SALA DE LECTURA: CUENTOS

Diferencias

Él, un hombre que nunca quiso salir de la ciudad que lo había visto nacer. La necesidad de sentirse seguro, contenido, quizás lo llevó a ser así. La sola idea de viajar le erizaba la piel; ni siquiera podía comprender que a alguien pudiera gustarle el visitar otros países.

Ella, tal vez porque de chica la habían traído a otro lugar, con una necesidad imperiosa de conocer el mundo, de descubrir lugares diferentes, de relacionarse con personas distintas. Una mujer de espíritu aventurero.

Él se sentía superior, seguro de sí mismo y todo lo desconocido le era inservible. Tal vez fue esta manera de ser la causante de todos sus prejuicios.

Ella, para él, símbolo viviente de la inseguridad.

La frase “de la casa al trabajo y de éste a la casa” parecía haber sido escrita para este hombre. A lo sumo, y como alarde de libertad, de rebeldía, iba a otra casa, la de ella.

El hogar de esa mujer, un museo viviente de todo lo que había conocido. Un lugar en el que era posible recordar cada uno de los viajes realizados. Un espacio cálido capaz de contener su deseo de partir hacia mundos insospechados.

Mucho tiempo de su vida pasó así este hombre. Ni siquiera fue consciente del daño que esta situación le estaba ocasionando.

Un día sintió debilidad en su cuerpo y no tuvo ganas de salir a trabajar.

Decidió, entonces, que le hacía falta un poco de descanso y sin hacerse ningún tipo de cuestionamiento se quedó entre las cuatro paredes de su hogar.

No sé cuánto tiempo pasó lo cierto es que un día alguien que no quiso dar su nombre lo encontró petrificado en un sillón, frente al televisor.

De ella sé que un día descubrió que sus brazos se habían unido al cuerpo por medio de una delicada y flexible membrana, que su cuerpo se llenó de plumas y que se fue volando por la inmensidad del cielo.

 

Helena Fiori

Cuentos compartidos

Inédito - 2007