El director artístico Jorge Lhez reflexionó sobre el crecimiento del Coro y la Orquesta Sinfónica, el valor de la cultura en la formación universitaria y el impacto de la música como herramienta de transformación personal y social.
Hay universidades que forman profesionales y otras que, además, encuentran en el arte una forma de construir identidad. En UCASAL, la música ocupa ese lugar. Con un proyecto artístico que creció sostenidamente durante los últimos años, el Coro y la Orquesta Sinfónica se consolidaron como referentes culturales y como una expresión del compromiso de la universidad con la formación integral.
Al frente de este camino se encuentra el maestro Jorge Lhez, director artístico de UCASAL y responsable de ambos elencos, quienes recientemente fueron distinguidos por la Asociación de Críticos Musicales de la Argentina, uno de los reconocimientos más importantes del ámbito cultural del país.
«Estamos muy contentos, es un premio estímulo», expresó Lhez al referirse a la distinción. Para el director, el reconocimiento trasciende lo estrictamente artístico y representa una validación al trabajo sostenido que la universidad viene desarrollando en materia cultural.
«Es realmente importante que ellos vean lo que se hace y, sobre todo, el nivel con el cual trabajamos en UCASAL, que trasciende las fronteras de la universidad y la provincia, y llega a los medios más importantes del país», destacó.
Una cultura que forma y transforma
Más allá de los escenarios, los conciertos y los reconocimientos, Lhez considera que el principal aporte de la música está en las personas.
Para quienes integran el Coro y la Orquesta Sinfónica, la práctica artística implica mucho más que perfeccionar una técnica o interpretar una obra. Supone desarrollar valores y habilidades que acompañarán su vida personal y profesional.
La constancia, la responsabilidad, la humildad, el trabajo en equipo y la empatía aparecen como aprendizajes cotidianos dentro de los ensayos y presentaciones.
«Uno aprende a dejar de lado los egos, a ver qué es lo que te une a la otra persona y no lo que te separa», reflexionó.
A ello se suma la resiliencia, entendida como la capacidad de equivocarse, volver a empezar y seguir creciendo. Un proceso que, según el director, forma parte tanto del aprendizaje musical como del desarrollo humano.
Un proyecto único en el ámbito universitario
El crecimiento de los elencos artísticos de UCASAL fue acompañado por una apuesta institucional sostenida en el tiempo, que permitió consolidar un espacio cultural con proyección local, nacional e internacional.
«No hay ninguna otra universidad pública o privada que tenga el nivel de producción y proyección artística de UCASAL», afirmó Lhez.
Esa singularidad se expresa en la calidad de sus producciones, en la continuidad de sus temporadas y en la posibilidad de acercar la música académica a públicos diversos, fortaleciendo el vínculo entre la universidad y la comunidad.
Para el maestro, el papel de la cultura dentro de una institución educativa resulta fundamental. «Tiene una función importantísima en la universidad, en la sociedad y en el país», sostuvo.
El arte como puente con la sociedad
Durante la entrevista, Lhez también destacó la capacidad de la música para generar encuentros y construir puentes emocionales con las personas. En ese sentido, recordó el reconocimiento recibido por su obra Stabat Mater en 2025, una composición distinguida por ofrecer «una mirada distinta sobre el dolor», y que refleja el potencial del arte para abordar experiencias humanas profundas desde nuevas perspectivas.
Lejos de ser una actividad complementaria, la música se convirtió en uno de los rasgos distintivos de UCASAL. Un espacio donde la excelencia artística convive con la formación humana y donde el arte encuentra su sentido más profundo: conectar personas, generar comunidad y enriquecer la vida cultural de la sociedad.
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