Docentes, investigadores, estudiantes y especialistas de distintas provincias argentinas y países latinoamericanos participaron en la Universidad Católica de Salta del III Congreso Internacional de Formación Docente y IV Encuentro de Prácticas Educativas. Desde una perspectiva humana de la educación estuvieron en el centro de una agenda la discusión sobre la inteligencia artificial, inclusión, formación docente, innovación, bienestar digital y justicia educativa, como preocupaciones que atraviesa a las escuelas, universidades y políticas públicas.
Durante el 4 y 5 de septiembre, la Universidad Católica de Salta se convirtió en un espacio de encuentro para discutir algunas de las preguntas que hoy atraviesan a la educación en todo el mundo: ¿qué significa enseñar en una sociedad atravesada por la inteligencia artificial?, ¿qué saberes necesita un docente?, ¿cómo sostener trayectorias educativas cada vez más diversas?, ¿cómo innovar sin profundizar desigualdades?, ¿qué educación queremos construir en la era digital?
Más de 390 participantes formaron parte del III Congreso Internacional de Formación Docente y IV Encuentro de Prácticas Educativas, “La formación docente en la era digital: prácticas educativas de la contemporaneidad”, organizado por la Facultad de Educación de UCASAL y desarrollado en la sede central de la Universidad. El encuentro reunió a docentes, investigadores, especialistas, estudiantes, educadores y representantes de organizaciones vinculadas con la formación y el desarrollo profesional docente. El Congreso fue concebido precisamente como un espacio para socializar investigaciones y experiencias, fortalecer redes académicas y debatir las transformaciones de la educación desde una perspectiva crítica, situada e inclusiva.
La amplitud territorial fue una de sus características más significativas. Se compartieron trabajos y experiencias procedentes de Salta, Jujuy, Tucumán, Córdoba, Chaco, Mendoza, La Pampa, Buenos Aires, Corrientes, Chubut, Misiones, Formosa y Río Negro, junto con participaciones provenientes de Chile, Ecuador, Brasil, Perú, México, El Salvador, Uruguay y España. Esa diversidad permitió que problemáticas comunes adquirieran matices distintos según los territorios, las instituciones y las realidades sociales en las que ocurre la educación.
El diálogo local se enriqueció además con la presencia de referentes nacionales e internacionales como Andrea Alliaud, de FLACSO Argentina; Carina Lion, de la Universidad de Buenos Aires; Jonathan Aguirre, de la Universidad Nacional de Mar del Plata; Marcela González Pedreros, de la Universidad Católica del Norte de Chile; Priscila Saldaña, de la Universidad Nacional de Educación de Ecuador; y Henrique Carivaldo de Miranda Neto, rector del Centro Universitário de Patos de Minas de Brasil. Sus trayectorias reúnen campos particularmente relevantes para el presente educativo: formación docente, prácticas de enseñanza, tecnologías educativas, inclusión, inteligencia artificial, gestión y educación universitaria.
Uno de los principales consensos del Congreso fue que hablar de educación en la era digital ya no puede reducirse a hablar de tecnología. Inteligencia artificial generativa, aulas híbridas, realidad aumentada, gamificación, portafolios digitales y nuevas formas de producción académica estuvieron presentes, pero condujeron a interrogantes mucho más profundos: para qué utilizar estas herramientas, qué experiencias de aprendizaje permiten construir, qué decisiones pueden delegarse y cuáles deben permanecer bajo responsabilidad de docentes e instituciones.
En este sentido, los debates evitaron tanto una mirada celebratoria de la inteligencia artificial como una posición centrada exclusivamente en sus amenazas. La preocupación estuvo puesta en desarrollar criterio pedagógico, autonomía intelectual y responsabilidad ética. Una idea atravesó numerosas intervenciones: cuanto mayor es la disponibilidad tecnológica, mayor es también la necesidad de enseñar a preguntar, contrastar información, argumentar, reconocer fuentes y construir una voz propia.
Pero las conversaciones fueron mucho más allá de lo digital. En las distintas mesas aparecieron temas que hoy atraviesan de manera concreta a las instituciones educativas: salud mental, cuidado en la docencia, accesibilidad, equidad, interculturalidad, deserción escolar, trayectorias estudiantiles, justicia curricular y afectiva, democratización del acceso a la universidad, prácticas docentes situadas, emociones, vínculos pedagógicos, formación más allá del aula y desafíos de la gestión educativa.
Otro de los grandes acuerdos fue recuperar a la práctica docente como un espacio donde también se produce conocimiento. Residencias, observaciones, tutorías, experiencias de coformación y dispositivos de reflexión mostraron que enseñar no consiste simplemente en “aplicar” una teoría previamente aprendida. La experiencia se convierte en conocimiento profesional cuando puede ser interrogada, compartida y reinterpretada.
De allí surgió también una cuestión institucional: la innovación educativa no puede descansar únicamente sobre docentes individuales. Para sostener transformaciones se necesitan políticas, liderazgo, recursos, tiempos, acompañamiento y comunidades profesionales capaces de convertir experiencias valiosas en aprendizajes de las propias organizaciones.
Salta, dentro de una conversación global
El encuentro dejó así una señal que excede los límites del campus universitario. Problemas que parecen futuros ya forman parte del presente de las escuelas y universidades: cómo enseñar cuando una inteligencia artificial puede producir un texto en segundos; cómo evaluar aprendizajes; cómo garantizar inclusión en contextos desiguales; cómo cuidar el bienestar y la privacidad; cómo formar docentes para escenarios que cambian rápidamente; y cómo organizar instituciones capaces de responder sin perder de vista el sentido humano de la educación.
En este escenario, la Facultad de Educación de UCASAL busca situarse no solamente como un espacio de formación profesional, sino también como un ámbito desde el cual Salta participa de las conversaciones académicas que hoy se desarrollan a escala nacional, regional e internacional.
Quizás una de las imágenes más significativas surgidas durante el Congreso haya sido la de pensar estos encuentros como espacios que permiten detener, aunque sea por un momento, el ritmo de la acción cotidiana para poner en palabras aquello que preocupa, comprenderlo colectivamente y decidir qué hacer con esa parte del mundo de la que cada comunidad es responsable.
Porque las tecnologías cambiarán, también lo harán los formatos institucionales y los currículos. Pero permanecerá una responsabilidad esencial: formar educadores capaces de comprender críticamente su tiempo y participar en su transformación. Como sintetizó uno de los debates del Congreso, la pregunta ya no es solamente qué formación docente necesita la era digital, sino qué educación y qué profesión docente queremos construir en ella.