El 14 de octubre, después de la celebración de la Santa Misa, se realizó un acto junto a la piedra fundamental de UCASAL, en Campo Castañares, para conmemorar los 60 años de su colocación. Fue una oportunidad para recordar los comienzos de la Universidad, agradecer a quienes hicieron posible su crecimiento y renovar el compromiso con su misión educativa.
Volver a estos orígenes permite reconocer especialmente la figura de Monseñor Tavella, quien soñó con una Universidad Católica en Salta, y de Monseñor Pérez, quien dio continuidad a ese anhelo y trabajó para hacerlo realidad. Recordarlos es agradecer la fe, la visión y el compromiso con los que impulsaron un proyecto educativo destinado a transformar la vida de las personas y de la sociedad.
En esta historia ocupa también un lugar especial el legado de los jesuitas, presentes desde los inicios de UCASAL. Su tarea educativa y pastoral contribuyó a dar forma a la identidad de la Universidad, uniendo la formación académica con la fe y el servicio a los demás. Recordar su aporte es reconocer a quienes acompañaron los primeros pasos de aquel sueño y dejaron una huella que sigue presente en la vida universitaria.
La colocación de la piedra fundamental, hace seis décadas, en el día de Santa Teresa de Jesús, expresó esa esperanza que hoy sigue viva en la comunidad universitaria. Aquel sueño fue creciendo con el aporte de generaciones que hicieron de UCASAL un lugar de formación, encuentro y servicio.
Durante el acto, la memoria estuvo también dedicada a quienes, a lo largo de estos años, pusieron su trabajo y sus dones al servicio de la
Universidad. Sus nombres y sus historias forman parte de su identidad y permanecen en las huellas que dejaron en la institución.
Una Universidad no se construye de una vez y para siempre: se edifica cada día gracias al aporte de docentes, estudiantes, autoridades, graduados y de todos los que formaron y forman parte de esta comunidad.
La figura de Santa Teresa de Jesús, patrona de la Universidad, acompañó esta reflexión. Su profunda vida interior, su amor a Cristo y su fe hecha servicio fueron presentados como una invitación a seguir construyendo una comunidad en la que el conocimiento se encuentre con la sabiduría, la fe con la razón y la formación profesional con el compromiso por la dignidad de cada persona.
El acto reunió así la memoria y la gratitud con una mirada hacia el futuro: “Volver a esta piedra es recordar de dónde venimos, agradecer lo que somos y renovar la esperanza en aquello que todavía estamos llamados a construir”.