La universidad tiene hoy la oportunidad —y la responsabilidad— de liderar un enfoque formativo que integre la IA de manera crítica, ética y pedagógica, comenzando por la capacitación docente.

La Inteligencia Artificial (IA) ya es parte del presente de la educación superior. Herramientas capaces de generar textos, resumir información, analizar datos o proponer ideas están siendo utilizadas cotidianamente por estudiantes universitarios en todo el mundo. Frente a este escenario, muchas instituciones han reaccionado desde la preocupación, e incluso desde la prohibición. Sin embargo, la experiencia demuestra que prohibir tecnologías no detiene su uso, sino que limita las posibilidades educativas que estas ofrecen.
La capacitación docente como eje estratégico
No es posible acompañar a los estudiantes en el uso responsable de la IA si los propios docentes no cuentan con instancias de formación adecuadas. La alfabetización en Inteligencia Artificial se ha convertido en una competencia transversal para la docencia universitaria, al mismo nivel que otras habilidades digitales incorporadas en décadas anteriores.
Un docente capacitado implica comprender cómo funcionan estas herramientas, reconocer sus alcances y limitaciones, identificar sesgos, evaluar la calidad de los resultados que producen y, sobre todo, aprender a integrarlas con sentido pedagógico. La IA puede convertirse en un recurso que potencie la enseñanza, siempre que exista criterio académico y mediación humana.
Prohibir no educa: enseñar a usar con criterio
La prohibición de la IA en trabajos académicos suele partir de una preocupación legítima por la integridad académica. Sin embargo, en la práctica, esta estrategia resulta poco efectiva. Los estudiantes continúan utilizando IA, pero sin orientación, sin reflexión ética y sin desarrollar pensamiento crítico sobre los resultados que obtienen.
Un enfoque formativo propone lo contrario: enseñar a usar la IA de manera consciente, integrándola a las consignas, redefiniendo actividades y poniendo el foco en el proceso de aprendizaje más que en el producto final. Trabajos que incluyan análisis crítico, defensa oral, reflexión personal, revisión de resultados generados por IA o comparación entre fuentes humanas y automatizadas permiten transformar la IA en una aliada educativa.

El desafío de la evaluación en la era de la IA
Uno de los puntos más sensibles de este debate es la evaluación. En muchos casos, los estudiantes utilizan IA para producir trabajos escritos, mientras que algunos docentes recurren también a herramientas de IA para corregirlos. Esta situación genera una paradoja: cuando la producción y la evaluación están mediadas por algoritmos, el sentido pedagógico de la evaluación se debilita.
El uso de IA como apoyo en la corrección puede ser válido si complementa —y no reemplaza— el criterio docente. La evaluación universitaria debe seguir valorando la comprensión, la argumentación, la toma de decisiones y la capacidad reflexiva del estudiante. La retroalimentación humana continúa siendo un componente insustituible del proceso educativo.
Repensar la evaluación implica revisar qué se evalúa y cómo, en un contexto donde el acceso a herramientas inteligentes es una realidad.
Hacia una cultura universitaria de uso responsable de la IA
Integrar la IA en la universidad no es solo una decisión tecnológica, sino institucional y cultural. Requiere lineamientos claros, acuerdos académicos y una actitud abierta al aprendizaje permanente. Los docentes cumplen un rol central como referentes: pueden modelar prácticas responsables, transparentar el uso de IA en la enseñanza y promover una mirada crítica sobre la tecnología.
Lejos de deshumanizar la educación, una integración consciente de la IA puede fortalecer los aspectos más valiosos de la experiencia universitaria: el diálogo, el pensamiento crítico, la construcción colectiva del conocimiento y la formación ética.
La Inteligencia Artificial plantea desafíos inéditos para la educación superior, pero también abre oportunidades significativas. La pregunta no es si la IA debe estar presente en la universidad, sino cómo integrarla de manera formativa y responsable. Prohibir no educa; capacitar transforma. Apostar por la formación docente y por el uso crítico de la IA es una decisión estratégica para las universidades que buscan seguir siendo relevantes en un mundo en constante transformación.
Fuente
Este artículo se inspira en las reflexiones desarrolladas en “Enseñar a usar la IA a estudiantes y familias”, publicado en el blog IA en las Aulas (2025), que propone reemplazar la prohibición de la inteligencia artificial por una educación crítica y consciente de su uso en contextos educativos.