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Aprender entre pares en la universidad: una estrategia simple para lograr clases más participativas

En la docencia universitaria, muchas veces buscamos que los estudiantes participen más, argumenten mejor y se apropien realmente de lo que aprenden. Sin embargo, no siempre eso se logra con una clase expositiva tradicional. En ese escenario, el aprendizaje entre pares aparece como una propuesta especialmente valiosa: transforma al estudiante en un actor activo, capaz no solo de aprender, sino también de ayudar a otros a comprender. La nota del Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación retoma esta idea y la vincula con aportes de Lev Vygotsky sobre el aprendizaje social y con el desarrollo del modelo de peer instruction de Eric Mazur en Harvard.

Llevado al contexto argentino, este enfoque tiene una ventaja concreta: no exige grandes inversiones tecnológicas ni rediseños extremos de una materia. Requiere, sobre todo, una decisión pedagógica. Para docentes universitarios de perfiles diversos, como los de UCASAL, puede ser una estrategia muy útil para pasar de clases centradas en la explicación a clases donde los estudiantes comparan ideas, justifican respuestas, revisan errores y construyen comprensión con otros. Esa lógica es especialmente potente en carreras donde el ejercicio profesional exige diálogo, análisis y criterio, como Ciencias Jurídicas o Ciencias de la Salud. La literatura sobre aprendizaje entre pares muestra justamente que la interacción entre estudiantes favorece la comprensión profunda, la comunicación y la retroalimentación inmediata.

El punto central no es “que los alumnos se expliquen todo solos”, sino que el docente diseñe momentos en los que el intercambio entre pares tenga sentido. En el modelo difundido por Mazur, por ejemplo, los estudiantes revisan material antes de la clase, responden una pregunta desafiante, discuten con compañeros y luego vuelven a responder. Ese segundo intento no es una repetición vacía: es una oportunidad para revisar la propia idea a partir del razonamiento del otro. Allí aparece uno de los mayores valores de esta metodología: aprender deja de ser recibir información y se convierte en contrastar, justificar y reelaborar.

En una materia de la Facultad de Ciencias Jurídicas, esto podría aplicarse de manera muy concreta. Pensemos en una clase de Derecho Constitucional o Derecho Penal. El docente puede presentar un caso breve, con una pregunta de interpretación jurídica: ¿qué principio se pone en juego?, ¿qué derecho estaría siendo vulnerado?, ¿qué solución sería más sólida y por qué? Primero, cada estudiante responde individualmente. Luego, en parejas o tríos, comparan argumentos y deben llegar a una postura común. Finalmente, el grupo comparte razones, no solo respuestas. En este proceso, el foco deja de estar en “acertar” y pasa a estar en fundamentar. Para estudiantes de Derecho, esa práctica es especialmente valiosa porque los entrena en algo central para su formación profesional: argumentar con claridad, escuchar posiciones distintas y revisar su razonamiento.

En Ciencias de la Salud, el aprendizaje entre pares también puede enriquecer mucho la clase. En una materia vinculada con anatomía, enfermería, bioética o clínica, el docente podría trabajar con un caso de atención. Por ejemplo: un paciente presenta determinados signos y antecedentes, y el grupo debe identificar prioridades de intervención, riesgos o decisiones éticas relevantes. Al discutir entre pares, los estudiantes no solo recuerdan contenidos; también aprenden a ordenar información, comunicar criterios y tomar decisiones con otros. Esto es especialmente importante porque, en el campo de la salud, el trabajo profesional casi nunca es aislado: se desarrolla en equipos, con intercambio permanente y necesidad de coordinación.

Ahora bien, para que esta metodología funcione no alcanza con “poner a los alumnos en grupo”. La implementación necesita cierta estructura. La nota del Observatorio señala varios puntos importantes: el valor de la retroalimentación inmediata, la necesidad de generar un pequeño conflicto cognitivo que obligue a revisar lo que uno cree saber, el andamiaje entre estudiantes y el papel de la motivación y la confianza. En otras palabras, el aprendizaje entre pares funciona mejor cuando el docente propone consignas claras, preguntas que realmente inviten a pensar y un clima de aula donde disentir no sea un problema, sino parte del proceso.

También conviene reconocer sus límites. No todos los grupos trabajan bien de forma espontánea. A veces algunos estudiantes llegan sin haber leído; otras veces, la conversación se dispersa o prevalece la voz de uno solo. Por eso, el rol docente sigue siendo clave. No desaparece: cambia. Pasa de explicar todo el tiempo a diseñar, orientar, observar, intervenir cuando hace falta y cerrar la actividad ayudando a sistematizar lo trabajado. Esa mediación es la que permite que el intercambio entre pares no quede en una charla informal, sino que se convierta en aprendizaje.

Para muchos docentes universitarios, esta puede ser una buena noticia: innovar no siempre implica incorporar herramientas complejas. A veces, innovar es reorganizar mejor la conversación dentro del aula. En UCASAL, donde conviven carreras, perfiles docentes y estilos de enseñanza diversos, el aprendizaje entre pares puede ser una puerta de entrada accesible a prácticas más activas. No reemplaza la experiencia del profesor ni la profundidad disciplinar; al contrario, las vuelve más productivas al ponerlas en diálogo con la participación estudiantil.

Cinco recomendaciones simples para empezar a aplicarlo en tu materia

  1. Elegir una sola actividad breve para comenzar. No hace falta rediseñar toda la cursada. Una pregunta potente por clase puede ser suficiente para empezar.
  2. Planter consignas que exijan argumentar. Las mejores funcionan cuando no alcanzan las definiciones memorizadas.
  3. Pedir una respuesta individual antes del intercambio. Eso ayuda a que cada estudiante llegue con una idea propia.
  4. Circular y escuchar mientras discuten. Tu observación te permitirá recuperar errores frecuentes y cerrar mejor la actividad.
  5. Terminar con una puesta en común breve. El valor del método crece cuando el docente ayuda a ordenar y dar sentido a lo debatido.

Bien implementado, el aprendizaje entre pares puede convertir una clase correcta en una experiencia más activa, más reflexiva y más cercana al tipo de habilidades que hoy la universidad necesita formar.

Referencias

Mazur, E. (1997). Peer instruction: A user’s manual. Prentice Hall.

Topping, K., & Ehly, S. (Eds.). (1998). Peer-assisted learning. Lawrence Erlbaum Associates.

Vilchis, N. (2026, 11 de febrero). Estudiantes mentores, el valor del aprendizaje entre pares. Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación.

Vygotsky, L. S. (1978). Mind in society: The development of higher psychological processes. Harvard University Press.

Nota de elaboración: artículo adaptado y redactado con asistencia de inteligencia artificial, a partir de una fuente base y con contextualización editorial para blog institucional.